El 20 Bush jura cuatro años más...

 
El martes 20 de enero tendrá lugar en Washington la ceremonia de asunción a la presidencia de Estados Unidos, tras los comicios celebrados en noviembre y que concentraron, como ningún otro, la atención del planeta.

El 20 Bush jura cuatro años más...
NUEVOS RETOS Y PELIGROS QUE NO DEBEN SER IGNORADOS
Por Ángel Rodríguez Álvarez
Servicio Especial de la AIN

El martes 20 de enero tendrá lugar en Washington la
tradicional ceremonia de asunción a la presidencia de Estados
Unidos.
Ese acto formal, realizado en la misma fecha cada cuatro
años, reviste en esta oportunidad mayor formalidad aún por
tratarse del mismo mandatario que rigió los destinos de la Unión
en el último cuatrienio y que fuera reelegido frente al
demócrata John Kerry.
Los comicios celebrados en noviembre fueron de los más
reñidos en muchos años y concentraron, como ningún otro, la
atención del planeta.
La opinión pública mundial tenía sobradas razones para
observar con indisimulada preocupación esas elecciones, de cuyos
resultados dependía, tal como ocurrió, que se mantuviera al
frente de la nación más poderosa del orbe un hombre
autoproclamado con "orgullo facistoide" y por la propaganda de
su partido, como el “presidente de la guerra”.
Con razón su continuidad en el cargo fue considerada por no
pocos políticos y analistas, como la peor noticia para la
humanidad, que mira ahora con ojeriza hacia Washington,
en la búsqueda de detalles reveladores del “qué pasará” hasta el
20 de enero del 2009.
Y no es para menos, pues a partir de este momento Bush y
su “renovado” gabinete podrán actuar aún con mayor libertad y
desenfado, liberados de las siempre cautelosas e incómodas
riendas de la reelección.
Argumentos sobran para esperar, según los analistas, nuevos
giros a la derecha, en una política exterior cuyo propósito
declarado ha sido imponer su hegemonía al resto del mundo.
No se trata de posiciones improvisadas o coyunturales. La
conducta de George W. y su equipo está dictada por concepciones
ideológicas representativas de los grupos de poder más
poderosos, conservadores y fundamentalistas de la Unión.
Imposible olvidar el mensaje del mandatario ante el Congreso
con motivo de los sangrientos atentados del 11 de septiembre del
2001, cuando proclamó abiertamente que “cualquiera en cualquier
lugar tiene ahora que tomar una decisión o está con nosotros o
está con el terrorismo”, y calificó el conflicto como una
contienda bélica prolongada, de muchos años, sin paralelo en la
historia.
Otro halcón, de los más cercanos, protegidos e identificados
con el Jefe de la Oficina Oval, Donald Rumsfeld, interrogado
sobre el tema dijo que sería como la guerra fría, que duró
varias décadas.
James Woolsy, ex director de la CIA y también influyente en
la Casa Blanca, fue más explícito. Expresó que Estados Unidos
estaba ya en el cuarto conflicto mundial.
Sin duda, se trata de la propuesta de un estado permanente de
elevada tensión, que permita justificar cualquier acción en la
arena internacional y en la política doméstica.
Se ha conformado de ese modo una perspectiva neo imperial
mediante la cual EE.UU. se arroga el papel de fijar normas a
escala mundial, proferir amenazas contra quienes se nieguen a
plegarse y usar la fuerza e “impartir justicia”, de acuerdo con
sus intereses y principios.
Para lograrlo no se detienen en su objetivo de establecer
reglas en todo, desde los mercados hasta la posesión de armas de
destrucción masiva, mientras se exceptúan ellos mismos de las
regulaciones internacionalmente establecidas.
A un lado dejan el artículo 51 de la Carta de las Naciones
Unidas sobre el derecho a la autodefensa, para emplear un
concepto totalmente diferente, el de agredir a cualquier país
bajo el argumento de representar una potencial amenaza, incluso
sin que esté presente un claro y actual peligro.
Estas concepciones se proclaman sin tapujos, tal como quedó
plasmado en el plan elaborado y aprobado por el gobierno
norteamericano para “ayudar a una transición democrática en
Cuba” y cuyo declarado propósito apunta a derrocar a la
Revolución.
Sin alarma alguna, ajena por demás a la conducta de los
cubanos, es imposible desconocer tales realidades en un mundo
lleno de peligros que, en el caso de Cuba, resultan evidentes.

e-mail:: ara@ain.cu

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