La inestabilidad que produce la agresión del imperio conduce a un escenario de venganza universal de los pueblos

 
El reloj que señalará la hora de la rebelión global de los pueblos contra la agresión estadounidense, y con ello, la aparición en la escena política mundial de las acciones de venganza universal de los pueblos contra EE.UU., hace cuatro años que entró en cuenta regresiva. Bush padre y los Halcones le dieron la cuerda, Bush hijo y los mismos Halcones lo pusieron a correr. El pueblo estadounidense tiene la última palabra ante este hipotético y no tan irreal escenario en su futuro.


Hace pocos días atrás en una nueva arremetida del imperio contra Venezuela, los voceros de la Casa Blanca, la Casa del Terror Universal salpicada del rojo de la sangre de los pueblos del planeta agredidos por la maquinaria militar y económica del imperio estadounidense, calificaron a Venezuela como un Estado que siembra la inestabilidad en la región, y a Hugo Chávez lo acusan de presidir un gobierno “no constructivo”.


La desfachatez de los voceros del imperio en su descarada política de intervención en la política y asuntos venezolanos es algo que ya no asombra a nadie. El principal Estado terrorista del planeta acusa de sembrar inestabilidad a quienes arremete y desestabiliza con sus políticas a capricho. El mundo al revés, el ladrón detrás del juez.


La imagen del imperio a los ojos de los pueblos del planeta agredidos por sus políticas neocoloniales, es mucho peor que la presentada por Noam Chomsky, quien comparó hace poco a su país, EE.UU., con un hombre satisfecho de por vida, corpulento y con buena salud, quien un día cualquiera por casualidad no consigue comer, y para saciar su apetito, como un animal salvaje asalta, golpea y le arrebata a un famélico niño de la calle la única presa de pollo que ha conseguido llevarse a la boca tras pasar hambre y comer basura por años. Los pueblos del planeta ven a los EE.UU. mucho peor que Chomsky. Lo vemos como la hidra asesina de la mitología griega que no morirá hasta que los hombres le corten y cautericen la última de sus cabezas; o como el dragón que lanza llamaradas de fuego y devora hombres de la mitología china. También lo vemos como a Satanás, Freddy Gruber y como los más terribles símbolos del crimen despiadado y animal construidos por la meca del cine norteamericano, Holywood.


Al ritmo que llevan las nuevas agresiones estadounidenses a los pueblos del mundo, no pasará mucho tiempo en que llegue el día en que ningún ciudadano estadounidense pueda vivir en otro país sin protección policial o militar, expuesto a ataques y venganzas por los crímenes cometidos por los gobiernos de su país. La impune y descarada agresión a los pueblos, el saqueo de sus bienes y riquezas naturales que realizan el ejercito, los políticos y las empresas transnacionales estadounidenses, están cultivando en los pueblos un cada vez más creciente odio y deseo de venganza universal. Es posible que los pueblos y revolucionarios del planeta suspendan el camino hacia la revolución social global, tomando un atajo para inscribirse en una urgente agenda de venganza universal previa de los pueblos. Venganza universal a la que EE.UU. se hace más merecedor con cada día que pasa.


Son miles de hombres en todo el planeta que piensan que EE.UU. merece la misma medicina represiva que aplica a los pueblos débiles. Torturas como las que realizan en Guantánamo, crímenes masivos a civiles, bombardeos a sus ciudades, robo y saqueo de sus bienes culturales y riquezas naturales, como también esclavizar a su población para reparar los daños causados a la humanidad.


Pero esta venganza, es casi seguro que no se manifestará como el terrorismo visceral e inocente de los pueblos dominados e ignorantes que hasta hace poco conocimos, sino que será un terrorismo de venganza exterminadora científica colectiva. Un terrorismo de impacto profundo, conmovedor, aterrador; quizás, más aterrador que el que despliega en Irak el ejército estadounidense y sus mercenarios paramilitares los “contratistas civiles”. Es muy difícil que en los próximos años los pueblos y los revolucionarios gasten sus energías y escasos recursos apedreando avisos de neón, disparando a espantapájaros y policías o quemando camiones de reparto de Coca Cola, como lo hicieron hasta ahora.


En esta oportunidad, banqueros, industriales, especuladores, políticos, economistas, analistas mediáticos, estrategas militares y administradores de transnacionales serán los blancos de la venganza universal de los pueblos. El último ataque a los espantapájaros del capital fue el “realizado” contra las Torres Gemelas en septiembre de 2001. Los ataques similares que sigan de aquí en adelante, en su mayoría serán autoatentados dirigidos a mediatizar a la población y desviar el daño que pudieran ocasionar las acciones de venganza y defensa de los pueblos al corazón del sistema. Serán autoatentados para impedir el ataque a los sujetos que sostienen y dirigen la agresión depredadora, criminal, continua y en aumento del imperio; serán autoatentados de inducción para dirigir la venganza y la lucha de los pueblos hacia los espantapájaros del capital, dirigir la venganza, la rebelión, el esfuerzo y los recursos de los pueblos hacia agujeros negros.


Luego del atentado terrorista contra las torres gemelas, auto atentado a no, el camino de confrontación y respuesta de los pueblos a la agresión está señalado por los propios Estados Unidos, a pesar de los argumentos de los humanistas y pacifistas. Faluya es la muestra del escenario que le espera tarde o temprano a New York, Washington, Chicago, Miami, Boston o cualquiera otra ciudad estadounidense. Un ataque nuclear, químico, biológico, envenenamiento de las aguas y del aire de las ciudades, u otros terroríficos ataques, podría recibir EE.UU. de los pueblos agredidos. Este escenario futuro de venganza universal, será impedido por el propio pueblo estadounidense sólo si éste toma distancias de sus gobernantes, se decide a tomar un papel protagónico en la política de su país, adecenta su sociedad y encarcela a todos los delincuentes políticos, empresarios y militares asesinos que hoy dirigen los EE.UU.


Lo contrario, el apoyo del pueblo estadounidense a sus gobernantes, aunque lo hagan como víctimas de la campaña de chantaje y terror mediático a la que están sometidos, los convertirá en blanco de la agresión y de la venganza universal de los pueblos. Serán víctimas igual que los pueblos de Irak, Afganistán, Haití, Nicaragua, Panamá, Chile, Venezuela y Yugoslavia lo han sido de EE.UU. Sufrirán “daños colaterales” idénticos a los que sufren los demás pueblos por los ataques militares estadounidenses a blancos civiles. El terror amargo de la agresión y represión militar que sus gobernantes aplican a los demás pueblos del mundo será experimentado por el pueblo norteamericano tarde o temprano.


El reloj que señalará la hora de la rebelión global de los pueblos contra la agresión estadounidense, y con ello, la aparición en la escena política mundial de las acciones de venganza universal de los pueblos contra EE.UU., hace cuatro años que entró en cuenta regresiva. Bush padre y los Halcones le dieron la cuerda, Bush hijo y los mismos Halcones lo pusieron a correr. El pueblo estadounidense tiene la última palabra ante este hipotético y no tan irreal escenario en su futuro.


Caracas 31 de marzo de 2001

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