Barenboim, nueva víctima de Patricio el Incapaz

 
Crónica independiente del concierto que dirigió Daniel Barenboim en Algeciras.

Vergüenza, estupor, indignación... Todo ello junto llegaron a sentir los espectadores que llenaron en la noche del lunes el parque María Cristina, de Algeciras, para asistir al concierto de la orquesta West-Eastern Divan dirigida por el prestigioso director Daniel Barenboim. Pero esos sentimientos no los provocó la música, sino la estulticia bobalicona del que se cree un nuevo Duce, Patricio González.
El parque algecireno no es, precisamente, el lugar idóneo para un concierto de estas características. Los árboles amortiguan el sonido y toda la fuerza interpretativa y acústica de una orquesta sinfónica se reduce notablemente.
El concejal de Cultura, Patricio González, hizo una nueva demostración de su incapacidad y falta de previsión. El resultado podría haber mejorado si se hubiesen colocado paneles, o una estructura adecuada, rodeando a la orquesta para que el sonido se dirigiese hacia los espectadores.Colocar en un escenario abierto por todos sus lados y sin techo a toda una sinfónica es apuntarse al fracaso y una demostración de no tener ni puñetera idea de música, menos aún de cultura.
Pero la faena había que rematarla. Esta vez, Patricio cayó en la cuenta que el ruido del tráfico rodado no es compatible con un concierto de música clásica, así que se cortó la calle Capitán Ontañón. Sin embargo, unos niños que jugaban fuera del parque provocaron con sus alegres gritos una perturbación sonora que acabó por enfadar al propio Barenboim, que mirando hacia la calle apoyó la espalda en la barra de su estrado. De esta forma permaneció varios minutos, en medio de un silencio tenso, a ver si alguien se dignaba advertir a los niños o a los padres. Como nadie se movió ni ordenó nada estalló educadamente: "Habrá que decirle a los padres que acuesten a los niños", frase que fue respondida con una atronadora ovación.
Pero los niños son niños, por eso justo despues de los aplausos hubo voces pidiendo la dimisión del concejal de Cultura, que no había previsto colocar una pantalla contra el ruido en la verja del parque, propiciando así una nueva vergüenza que añadir a su ciudad y a su largo historial personal, aunque todo eso a él le resbala, perdido como está en mirarse el ombligo.
Crónicas de enjuague en los medios de comunicación, que pasaron por alto, o minimizaron, el incidente. Testigos directos, todos los espectadores, entre ellos el secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Bernardino León; el ministro principal de Gibraltar, Peter Caruana, decenas de gibraltareños y cientos de campogibraltareños de otros municipios.
Hace poco, Patricio González declaró que su futuro en la política lo decidirán su salud y su familia. Esta visto que le trae al fresco lo que opinen sus conciudadanos.

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