POLITICA DE CONTENCION A LA DEMOCRACIA PARTICIPATIVA

 
El intervencionismo imperialista y las arremetidas contra los gobiernos que promueven la 2ª independencia y la democracia participativa, son hechos reales. Pero además, existe una construcción mediática del “nuevo enemigo externo”.

A la sombra de Obama el Pentágono lanza en América Latina…
POLITICA DE CONTENCION A LA DEMOCRACIA PARTICIPATIVA
Popayán, 20 de julio de 2009
Hegemonía imperial en crisis y contradicciones internas
Es interesante ver como algunos sectores de la izquierda mundial y latinoamericana se niegan a analizar las contradicciones que existen en la sociedad norteamericana. La crisis económica y el debilitamiento de la hegemonía de los EE.UU. han hecho más visibles esas contradicciones que se reflejan al interior del bloque de poder hegemónico y del mismo gobierno de Obama. Se intenta desconocer esa realidad acudiendo a un “radicalismo conservador” que se manifiesta en forma de respuestas automáticas. Escaso o nulo “análisis concreto de la situación concreta” lleva al esquematismo.
Se afirma con cierto facilismo que “todos los estadounidenses son reaccionarios, son judeo-cristianos y calvinistas”; “el sueño americano justifica la política imperial”; “el racismo y la xenofobia siempre se impondrán entre los norteamericanos”; “el capitalismo imperial es la negación de cualquier democracia”. Otros simplemente afirman: “Obama negoció antes de las elecciones y está absolutamente plegado a la política de los halcones y ‘neocons’”. Es como una especie de negación inconsciente a reconocer que los demócratas del mundo pueden y deben tener como aliados a importantes sectores sociales y políticos del país del norte. Se confunde anti-imperialismo con anti-norteamericanismo. Se echa todo en el mismo saco.
Los sectores reaccionarios que representan los intereses de la plutocracia capitalista de EE.UU. sí tienen claro el problema. Construyeron su poder económico y político utilizando el miedo a la “amenaza externa”, y creando cohesión social e identidad nacional en torno al “sueño americano”. Su objetivo inmediato es reeditar esa política para recuperar el espacio y control político que han perdido. Esa política funcionó después de la 2ª guerra mundial durante 60 años. El enemigo nazi fue remplazado por la amenaza comunista. Primero fue la URSS, después el bloque de Europa Oriental, China, Cuba, Corea, Viet Nam, y demás. Caído el “muro de Berlín” el enemigo externo fue Saddam Hussein, Osama Bin Laden y el “terrorismo islámico”. El triunfo de Obama les ha demostrado que esa fórmula ya no es efectiva. El “eje del mal”, Corea del Norte, Irán, Cuba, y otros países, ya no intimida. Requieren un enemigo más cercano y tangible.
Por ahora, el pueblo norteamericano está preocupado por asuntos domésticos y rechaza mayoritariamente la guerra. Por tanto, les urge reinventar el “enemigo externo” e impedir que la política de distensión - especialmente con Cuba -, saque a flote todos los crímenes que han cometido a la sombra de esa política. Allí hay grandes secretos que de conocerse les generarían graves problemas. Están apurados. Su objetivo inmediato es desgastar y neutralizar a Obama. Más de lo que ya han conseguido. Ello explica que se hayan esforzado por controlar la burocracia estatal de la política internacional y la defensa (Clinton-Gates), que es un “tesoro” en las manos de un adepto de Wall Street. Son la punta de lanza en este momento.
Estados Narco-terroristas y Estados fallidos
Tal parece que han escogido al bloque de países organizados en la Alianza Bolivariana de las Américas ALBA, encabezado por Venezuela, como el principal enemigo en esta nueva etapa. Varios hechos así lo indican. El golpe de Honduras, mirado en perspectiva geopolítica es una provocación. La reacción inicial de Chávez y Ortega – amenazando con intervención militar – fue la respuesta esperada. Lo que pase en el pequeño país centroamericano es - para ellos – secundario, aunque el mandato para la mediación del presidente Arias, es cerrarle la puerta a cualquier tipo de consulta popular (democracia participativa) en Honduras. Ahora, lo principal, dentro de esa estrategia es relacionar a los gobiernos de Venezuela, Cuba, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, con las FARC y con las mafias del narcotráfico. “La amenaza de los Estados narco-terroristas”, va a ser la frase de cajón. Ya la han utilizado.
El anuncio del acuerdo con el gobierno de Uribe sobre el traslado de las tropas y pertrechos de la Base de Manta (Ecuador) hacia territorio colombiano, está dentro de esa dinámica. Tal decisión ya se había pactado desde hace 2 años; lo único que faltaba era hacer conocer su ubicación. Es claro que el conflicto armado colombiano es funcional a la estrategia de intervención territorial del imperio. Lo controlan y manejan. Las provocaciones y los cebos tienen allí una fuente infinita: los computadores de Reyes. Se acentúa, de esta forma, la presencia bélica en este país lo que constituye una violación más a su soberanía nacional. Sólo falta la aprobación del TLC para oficializar una situación de anexión.
El intervencionismo imperialista y las arremetidas contra los gobiernos que promueven la 2ª independencia y la democracia participativa, son hechos reales. Pero además, existe una construcción mediática del “nuevo enemigo externo”. Ni Venezuela ni ningún país o bloque de países latinoamericanos es una seria amenaza militar para los EE.UU., ni para nadie. La meta que se ha propuesto la derecha norteamericana es provocar reacciones como las que consiguieron de Stalin con la política de contención. Al constituir la OTAN en 1949, lanzaron alianzas estratégicas, campañas de espionaje, instalación de bases militares, cercos amenazantes, y toda clase de desafíos. Promueven reacciones militaristas para armar “su película”, y contener el avance de los pueblos.
Provocar una carrera armamentista en América Latina es su objetivo. Continuar incentivando falsos nacionalismos en los EE.UU. y en países como Colombia, Perú, y otros pueblos de Centroamérica, es una de sus metas. Evitar la reducción del gasto militar norteamericano, es otra. Impedir la distensión con Cuba, una más. Y, de contera, intentan obligar a los gobiernos de los países pobres a comprar armas, estimulando una industria a nivel mundial de la cual ellos se lucran, además de generar los problemas económicos y políticos que traen este tipo de gastos para los gobiernos y pueblos de esos países (caso de Venezuela).
La teoría de los “estados fallidos” va a tener una reedición. Colombia y México encabezan la lista. La economía del narcotráfico, que les genera miles de millones de dólares que irrigan los centros financieros neoyorkinos, siempre fue una herramienta intimidatoria. El “paquete integral” de contención va contra la continuidad de los gobiernos “totalitarios” de Chávez, Correa, Evo, y demás presidentes que quieren – según la versión de la Clinton - declararse “dictadores vitalicios”. Por ello, la reelección de Uribe va a ser sacrificada. Para eso han preparado a J.M. Santos.
No caer en la provocación: fortalecer la paz y la integración
Los gobiernos que construyen la “democracia participativa” deben ajustar su política. Hay que evaluar algunos errores cometidos frente al golpe en Honduras. No deberían lanzarse solos, ni dar la impresión de intervencionismo. Hay que comprometer a todos los países de la región, o por lo menos a la mayoría. Respuestas aisladas y sin visión estratégica le llevan agua al molino de los “neoconservadores”. Deberíamos decir a los gobiernos de los EE.UU. y Colombia que América Latina lo que necesita es Paz. Que no vamos a caer en sus “juegos de guerra”. Que la producción de coca al servicio del narcotráfico tiene soluciones democráticas y racionales que nada tienen que ver con la estrategia militar del gobierno estadounidense.
Todos los gobiernos y pueblos de A.L. deben ser alertados sobre la intentona de los halcones del Pentágono de calentar la región y de utilizar a gobiernos de derecha (Perú, Colombia, golpistas de Honduras) para ponerlos de “trompo quiñador”. Los pueblos indo-afro-americanos deben fortalecer – todavía más - su capacidad de respuesta masiva, pacífica y contundente; ejemplar y aleccionadora para el pueblo estadounidense. La población del norte debe estar también entre nuestros objetivos políticos; allí las reservas democráticas y anti-imperialistas están en pleno crecimiento como resultado de la crisis que vive el imperio.
No caer en las provocaciones es vital para la supervivencia de los proyectos democrático-populares de América Latina. La democracia y la paz mundial son nuestras banderas, no les demos la oportunidad de invertir la ecuación. Son ellos los que están a la defensiva y por ello lanzan toda clase de provocaciones. Ajustar nuestra estrategia geopolítica es vital y urgente. Las respuestas inducidas, irreflexivas y espontáneas son las que ellos esperan. Nuestro juego es la integración regional, el de ellos la desintegración y el enfrentamiento. No caigamos en su trampa.

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